De la cadena de pintura a las cadenas de código: cómo cambié de profesión a mis 30
Antes de ser programador, pintaba vehículos de SEAT y Volkswagen en cadena de producción, con pistola aerográfica. No es una metáfora: de ahí sale el título de este post. Fue mi primer oficio, el que tuve hasta los 30: polvo, olor a disolvente, jornadas largas. Un trabajo físico con responsabilidad real y con resultados que se veían al terminar el día.
No me iba mal. Pero a los 30 años empecé a hacerme una pregunta que no me dejaba tranquilo: ¿qué construiría si pudiera construir cualquier cosa?
Por qué quise cambiar
No fue una crisis. Fue curiosidad. Tenía un ordenador en casa, usaba internet, y me fijé en que la gente que hacía software construía cosas que podían llegar a miles de personas sin estar físicamente ahí. Me parecía casi mágico.
También me cansé del techo. En la pintura industrial, la progresión es limitada. Más años de experiencia no necesariamente se traduce en proyectos más interesantes. En el software, intuía que no era así.
De pintor industrial a desarrollador .NET: cómo aprendí solo
Antes de los libros y los tutoriales, hubo un empujón que no parecía tener nada que ver con programar. Me apunté a un curso de ofimática, sin más objetivo que manejar mejor Office. Ahí descubrí que dentro de Excel, Access y Word se puede programar de verdad: el lenguaje es VBA, Visual Basic for Applications, el mismo que hace funcionar las macros de esas herramientas. Fue la primera vez que vi código dentro de algo que hasta entonces solo había usado como usuario.
Ese descubrimiento me empujó a buscar una formación más seria. Cursé un programa en el CIFO Barcelona «La Violeta», un centro público de innovación y formación ocupacional del Servei Públic d’Ocupació de Catalunya, dependiente de la Generalitat, especializado en tecnologías de la información. Fue mi primer contacto con una formación estructurada en programación.
Sin bootcamp. Sin carrera técnica formal. Empecé con libros, tutoriales en internet y proyectos pequeños que nadie vería nunca. .NET me enganchó desde el principio: tipado estricto, estructura clara, documentación seria. Encajaba con cómo yo pensaba.
Tardé un par de años en tener algo que enseñar. Hice certificaciones oficiales de Microsoft para demostrar lo que sabía, porque no tenía un título que me avalara. En 2011 me certifiqué en ASP.NET con .NET Framework 4. En 2013, en acceso a datos. No fueron decorativas: fueron la prueba de que esto iba en serio.
De ese camino autodidacta, con pruebas que lo demostraban, sale el profesional que soy hoy — lo cuento con más detalle en sobre mí.

El primer trabajo
En 2007 conseguí entrar como .NET Developer en Grupo Choice. El primer día me senté delante de una base de código real, con fechas de entrega reales y compañeros que llevaban años en esto. Fue lo más parecido a tirarse a una piscina y descubrir que flotabas.
Aquellos primeros años fueron intensos. Trabajé en Anuntis Segundamano, en eXIT, en MGA. Proyectos muy distintos, clientes muy distintos. Cada empresa me enseñó algo diferente sobre cómo se construye software de verdad.
20 años después
Hoy soy Senior .NET Engineer con casi 20 años de carrera. He pasado 8 años en CAME Parkare, 4 en Systelab Technologies (grupo Werfen) y el resto repartido entre MGA, Anuntis Segundamano, eXIT y Grupo Choice, participando según el proyecto en arquitectura, desarrollo, mentoría y trato con cliente. Por el camino: migraciones a .NET 8, backends que gestionan miles de eventos de dispositivos en tiempo real, y proyectos para multinacionales de electrónica de consumo, alimentación y ocio.
Lo que aprendí en la cadena de producción no se perdió. La atención al detalle, la responsabilidad por el resultado, la capacidad de aguantar jornadas difíciles sin rendirse: todo eso llegó conmigo al teclado.
Cambiar de profesión a los 30 fue lo mejor que he hecho. No porque fuera fácil, sino porque era lo correcto.
Si quieres el detalle completo de esos 20 años, aquí tienes mi CV en PDF.
